Irene Montero, portavoz Unidos Podemos, ha armado un alboroto porque ha hablado, en una rueda d de prensa, de “portavoces y portavozas”. Su patada al diccionario ha provocado una lluvia de indignados filólogos que, curiosamente, no dicen ni pío ante las patadas a la razón, la lógica y la inteligencia que dan a diario otros políticos (y otras). La noticia no está en la invención de un palabro, sino en esa desmesurada reacción, no exenta en algunos casos de saña. Lo mismo pasó en 1989 cuando Carmen Romero habló de “jóvenes y jóvenas” y en 2006 cuando Bibiana Aido hablo de “miembros y miembras”. Todas lo hacían con la misma intención: dar visibilidad a unas mujeres que aun no tienen plena igualdad de derechos con los hombres. Bienvenidas sean las palabras, incluso las inventadas, si sirven para dar un empujón a la Historia. Al asunto le he dedicado en la radio una décima en la que, de paso, recuerdo que la lengua está siempre en evolución. Hace muy pocos años palabras como jueza, fiscala, médica o presidenta estaban fuera del diccionario y del discurso oficial.
Cuando dices portavozas
Por no decir portavoces
En lugar de darle coces
Al diccionario das cozas
Mas si la lengua desbrozas
De sexistas asperezas
Verás que aquí no hay certezas:
Aunque ni dios dice juezos
Para no meter los cuezos
Todos ya decimos juezas
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