viernes, 16 de febrero de 2018

Historia Ilustrada del Mundo de Anelio Rodríguez Concepción #libros

 
Se llama Anelio Rodríguez Concepción, es profesor de instituto, escritor de largo recorrido y palmero ejerciente en su concepción del mundo, su ritmo vital, su amor por la música y su manera de escribir, que en una cata a ciegas podría parecer latinoamericana. Yo no creo en el determinismo geográfico, pero nacer y vivir en la Isla de La Palma imprime carácter, créanme. Solo quien vive a medio camino (historico, físico y cultural) entre Africa, Europa y América puede escribir como escribe Anelio que, sin aparente esfuerzo, navega entre la gran literatura europea del XIX y el realismo mágico del XX. El Gremio de Libreros ha advertido enseguida la grandeza de su último libro, que ha nombrado “libro de la semana”. Se titula “Historia Ilustrada del Mundo” y es eso: una historia del mundo que Anelio ha escrito en 180 páginas, sin salir de su familia y sin salir de su isla. Igual que Lorca presumía -con razón- de contar el mundo desde su jardín, Rodríguez Concepción cuenta el mundo desde su casa que es una casa abierta de par en par a la razón, la sensibilidad, la memoria, la bondad, la alegría de vivir y las relaciones entre las personas. El relato consiste en veinte retratos, de otros tantos antepasados del autor y de personas relacionadas con su familia. La memoria de esas personas, convertidas en personajes, permite entrar a saco en las cosas importantes de la vida. Aunque no contiene ni un gramo de ficción, aquí lo local se hace universal. Aunque no esquiva la muerte (de hecho, todos los personajes están muertos) en la Historia Ilustrada del Mundo de Anelio Rodríguez Concepción hay mucha, muchísima, vida. Enhorabuena.

domingo, 11 de febrero de 2018

Décima de la #Portavoza



Irene Montero, portavoz Unidos Podemos, ha armado un alboroto porque ha hablado, en una rueda d de prensa, de “portavoces y portavozas”. Su patada al diccionario ha provocado una lluvia de indignados filólogos que, curiosamente, no dicen ni pío ante las patadas a la razón, la lógica y la inteligencia que dan a diario otros políticos (y otras). La noticia no está en la invención de un palabro, sino en esa desmesurada reacción, no exenta en algunos casos de saña. Lo mismo pasó en 1989 cuando Carmen Romero habló de “jóvenes y jóvenas” y en 2006 cuando Bibiana Aido hablo de “miembros y miembras”. Todas lo hacían con la misma intención: dar visibilidad a unas mujeres que aun no tienen plena igualdad de derechos con los hombres. Bienvenidas sean las palabras, incluso las inventadas, si sirven para dar un empujón a la Historia. Al asunto le he dedicado en la radio una décima en la que, de paso, recuerdo que la lengua está siempre en evolución. Hace muy pocos años palabras como jueza, fiscala, médica o presidenta estaban fuera del diccionario y del discurso oficial.

Cuando dices portavozas
Por no decir portavoces
En lugar de darle coces
Al diccionario das cozas
Mas si la lengua desbrozas
De sexistas asperezas
Verás que aquí no hay certezas:
Aunque ni dios dice juezos
Para no meter los cuezos
Todos ya decimos juezas

Ahí va el enlace por si quieres escuchar la sección de la radio que se llama como el blog: La Libreta Colorá https://t.co/gKikp1CvCF



José María Pou: grande


Érase un hombre a un vozarrón pegado, a una voz portentosa, contundente, aunque estemos en horas imposibles para quien cada cada noche debe llevarla a sus máximos extremos y cada mañana se levanta pensando en la próxima función. Esa voz no anda sola; vino al mundo acompañada por una mirada cósmica, una mirada que sabe ser feroz o bondadosa, enérgica o envolvente, penetrante o mendicante, temible o amable, épica o lírica, según toque, y es capaz de navegar en la ternura, pero también en la locura, como exige su trabajo actual.
Tengo delante el cartel de Moby Dick. Solo ese cartel, justificaría un viaje a Barcelona, pero, tranquilos: habrá “larga gira”; el capitán Pou irá de un lado a otro, por teatros de toda España. persiguiendo su ballena blanca con la mirada oblicua, los dientes apretados, la boca entreabierta, las arrugas retestinadas y, en fin, la impresionante cabeza de Pou, que da al capitán Ahab unas hechuras mitológicas que ni Melville pudo imaginar.
A quienes lo han visto en escena se les agotan los adjetivos:  inconmensurable, sobrecogedor, descomunal, increíble, sensacional, estremecedor. Eso no es por casualidad. El actor está familiarizando con la obra desde niño, y en el ultimo año y medio se lo ha estudiado todo sobre ese “personaje inabarcable”, que le “chupaba tanto de su vida en los ensayos” que “llegaba a casa asustado”, un personaje imposible, complejo, poliédrico, “a la altura de los grandes personajes de Shakespeare”.
Ahí están ambos, personaje y actor, recordando cada noche su obsesión, su desmesura, su capacidad de seducción, incluso, y, tomen nota, “estas ansias mesiánicas que tienen algunos, capaces de arrastrar a todo un pueblo por sus intereses personales” (ojo, que eso parece de un editorial de actualidad). El actor se llama José María Pou. En los 50 años que lleva en el oficio no ha estado en el paro ni una sola vez, y ha conseguido que, por una vez, críticos y público coincidan en una palabra: es grande. 

[Retrato tras entrevista en No es un día cualquiera, RNE. 11.02.2018. Audio: http://www.rtve.es/a/4471706/

Pedro Ballesteros, “El vino es gente”


El primer trazo del retrato lo escribe él mismo en su presentación de tuiter: “Master of wine, escritor, profesor, catador, bodeguero, cuentahistorias, ingeniero agrónomo, especialista en viticultura y enología”. El segundo lo da Pepa Fernández: “Encantador, simpático, dice cosas sorprendentes sobre el vino”.  El tercero, Raquel Pardo, que es mi particular gurú vitivinícola: “Un tipo muy majo, sin pelos en la lengua, que si tiene que criticar un vino lo critica pero siempre con respeto, siempre amable; adora el vino, y eso es muy bueno para el vino español porque es una autoridad mundial”. 
Desde luego, esos apuntes van bien orientados. Habla con soltura, simpatía, respeto y dice cosas muy interesantes sobre el vino, sobre “la magia del vino”, sobre “esos bichitos que lo hacen posible” y que también están en nuestros cuerpos: “Tenemos más bichitos que células”. Guste o no guste el vino es un placer escucharlo hablar de su pasión: “Del vino puedes compartir muchas cosas. Fíjate lo bonito que es hablar de lo que estás sintiendo dentro del cuerpo”.  
Se llama Pedro Ballesteros, lo que gana con el vino se lo da a una ONG, porque él vive de otra cosa, y nunca participaría en una campaña en defensa del consumo de vino, a secas, pero se pasa la vida predicando las bondades del “vino con adjetivos”, “el que tiene que ver con compartir, con trabajar la tierra, con aumentar la cultura”. Viste de oscuro, como buen predicador, con ropa cómoda,  como buen viajero, y con pantalón de pana, como buen hombre de campo. Mientras habla sonríe y mueve los dos brazos, dibujando en el aire sabores, aromas, conocimientos, ilusiones. Trasmite sabiduría pero también transmite alegría y a una isla desierta se llevaría agua, porque “si no es en compañía para qué quieres el vino. El vino es emoción, el vino es comunicacion, el vino es gente”.
A Pedro Ballesteros, créanme, lo que le gusta es la gente, esa gente que con ayuda de los bichitos es capaz de hacer buen vino.

[Retrato en directo en No es un dia cualquiera, de RNE. 10.02.2018. Podcast:  Audio:http://www.rtve.es/a/4470678/ ]



domingo, 4 de febrero de 2018

Joan Margarit, Asombroso Invierno


La última  vez que hablamos con él, hace tres años, dije que estaba a medio camino entre la edad del conocimiento y la edad de la sabiduría, cosa que él no acepta porque él no cree que por ser viejo se sea más sabio... “hay viejos inteligentes y viejos idiotas”, dice. Hoy, en vísperas de cumplir los 80, se ve a sí mismo en la edad de la libertad y las certezas. La primera certeza de este “asombroso invierno” que está viviendo es que la vida tiene dos estaciones, la infancia y la vejez, que son las más nítidas, las mas limpias; lo que hay en medio es un lío, “aunque cuando estás en el lío no lo sabes”. Ha llegado a la estación más libre y no volvería bajo ningún concepto a la anterior, pero no se olvida de  sus primeros maestros, como Neruda, de los que luego ha logrado zafarse. 
Tiene una voz preciosa, una envidiable musicalidad en la expresión, un gran sentido del humor y uno delicado manejo de la ironía (la socarronería, la retranca, la somarda y como se diga en catalán). Parece el último superviviente de una estirpe: los que siguen pensando que la cultura es un arma cargada de presente, los que aun creen que pueden protegerse a sí mismos y proteger a los demás con la fuerza total de las palabras. He apuntado algunas de las palabras que se han repetido en esta conversación. Inteligencia. Poema, Tiempo. Amor. Todavía. Olvido. Escuchándolo, confirmo la convicción de que en tiempos inciertos, como los actuales, hay que volver la mirada a los creadores, los artistas, los poetas, que siempre están ahí, alumbrando como faros. Él lo tiene claro: “Contra el miedo se lucha con la poesía, con la inteligencia, con el arte, que es allí donde no llega la razón”. La música también sirve para combatir el miedo, pero lo primero es reconocer que existe y decidir luchar. Sin esa decisión, no hay lucha que valga. Y eso sirve también para el amor que exige una gran cantidad de esfuerzos, pero merece la pena porque al final, ya han oido, “con el amor bastaba”. Y con la alegría, qué leche. Me quedo con su última propuesta: “Que no nos falte la alegría”.

[Joan Margarit, 1938, poeta. Retrato en directo en RNE, 04.02.2018. Audio entrevista y retrato: http://www.rtve.es/a/4459518/ ]

Helena Pimenta, atlético esfuerzo creativo

“Helena es de Salamanca, pero hay en ella algo de andaluz”, escribió en la revista El Siglo Luis Eduardo Siles. Quizá se refería a su aspecto: pelo negro, largo, ensortijado, ojos oscuros y grandes; quizás a esos zarcillos, pillapelos, pañuelos y estampados tan flamencos que tanto le gustan. Yo no creo mucho en el determinismo geográfico pero supongo que si algo ha influido en su manera de ser y en su concepcion del mundo no fue solo la vecindad de Andalucía y la infancia salmantina: fueron los años que pasó dando clases y haciendo teatro en Rentería, años de plomo que esa ciudad vivió en primera fila. Ahí fue donde sintió la necesidad de plantar cara al dolor con el teatro, de poner a sus alumnos, primero, y a sus vecinos, después, frente al espejo del arte, aunque su hijo le preguntara: “Ama ¿Y ahora de qué vamos a vivir?”. Ahí aprendió a asumir riesgos, “a perder un poquito, que siempre viene bien” y a dialogar con el publico, que “con su respiración va diciendo lo que quiere y lo que no quiere”. Hoy accede a ese público con una facilidad que ya quisieran para sí todos los directores y gestores culturales. Por sus obras, con el papel vendido antes de estrenar, no pasa la crisis. El secreto está en un esfuerzo creativo que ella vive, como “una permanente exhibición atlética”. Pero también en esa mezcla suya de clasicismo y vanguardia, antigüedad emocional y modernidad escénica, madurez y juventud, pasado y futuro: “Miro atrás para reconocer, nunca para pararme”. Se llama Helena, con hache, y se apellida Pimenta. Creció entre libros y música, se hizo artista entre miedos y duelos. Hoy llena las salas con Lope, con Calderón y con el verso bien dicho, lo que quiere decir bien pensado y, desde luego, bien dirigido. Su vida es puro teatro; ese teatro que nos cura las enfermedades, nos ordena la cabeza y, en fin, nos hace grandes.

[Helena Pimenta (Salamanca, 1955) dirige la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Retrato en directo, 3.02.18 en RNE. Audio entrevista y retrato:  http://www.rtve.es/a/4456499/]

sábado, 3 de febrero de 2018

Romance de la #Postverdad

Cada sábado, a ls 8:30, en el programa No es un día Cualquiera de RNE llevo una sección que se llama La Libreta Colorá. Hoy recomiendo los conciertos de Heras Casado y Javier Perianes en el Festival de Música de Canarias,  con la Orquesta Filarmónica de Munich, comento el libro La vida es pacto de Julio Somoano, el “sacrificio” y los guasaps de Puigdemont, de quien han tomado distancias los de Esquerra Republicana. Cada semana, la sección incluye unos versos de actualidad titulados el Ripituit; siempre llevan menos de 280 caracteres, para poder entrar en un tuit. Ahí va el Audio, si es que conseguimos que desde aqui funcione el enlace: https://t.co/cO0encTUJd
Y ahi van los versos de esta semana. Romance de la #Postverdad:

Siempre se llamó mentira
Hoy la llaman #postverdad
Nos mienten mañana y tarde
A la hora de cenar
En discursos, entrevistas
En tuiter, en los guasaps...
Son tantos, tan poderosos
Repartiendo falsedad
Que se queda corto el dicho
“Mientes más que un concejal”