[Capítulo de mi libro 333 Historias de la Transición, La Esfera, 2015]
LOS JEFES DE LA BANDA DECIDEN SEGUIR MATANDO
“De todas las cosas que pasan en estos años, una tiene más trascendencia que todas las demás: en otoño de 1977 ETA se pasa por el forro de la txapela una amnistía que se había hecho a su medida y decide seguir practicando la «lucha armada». Todo va conforme al devenir de la historia, todo es imparable, menos eso: ETA decide seguir matando. Nada influirá tanto como esa decisión en la vida de los vascos y los demás españoles, durante las décadas posteriores. Restará libertad a los ciudadanos, entorpecerá el desarrollo social y económico de Euskadi y condicionará la agenda política del Estado durante más de treinta años. Además de quitar la vida a novecientas personas, empobrecerá la de cuarenta millones, con un recorte efectivo de sus libertades. La decisión de seguir matando, intensificando incluso la actividad letal y ensanchando el espectro de víctimas (primero, representantes de la represión franquista, luego funcionarios de uniforme, después jueces, periodistas o ingenieros, más adelante cualquiera) tiene efectos colaterales inmediatos: alimenta los sentimientos más cavernícolas de la caverna, impide que se pueda pedir cuentas por los crímenes de la dictadura (mal se puede reclamar por crímenes pasados en el fragor de los crímenes presentes) y da argumentos a quienes intentan impedir el desarrollo democrático.