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miércoles, 28 de febrero de 2018

Juan José Millás: hechos de palabras



Tiene muchas cosas en común con Forges, con quien llegó a escribir un libro y a hacer una gira por España, pero sobre todo una, que Forges hizo notar en cierta ocasión: su constante, su apasionada relación con las palabras. Piensa que los seres humanos “estamos hechos, sobre todo, de palabras” y que en la vida cotidiana no hacemos la lengua, sino al revés, la lengua nos hace a nosotros. He apuntado a lo largo de esta conversación algunas de esas palabras que maneja. Voz. Tradición. Literatura. Significado. Cosa. Vida cotidiana. Fantasía. Sueño. Ficción. Taxista. Borde. Lengua.
      Las palabras, como las personas, ganan mucho cuando se juntan con otras. También he apuntado algunas frases. Cuando dice que en su oficio siempre andan “buscando una voz propia” ; cuando recuerda que “esto que llamamos realidad no solo está también compuesto de delirio sino que el delirio la conforma, la determina”; o cuando nos habla de la entrada de la ficción en nuestras vidas y empezamos a ser algo mas que simples cazadores de bisonte; o cuando nos hace notar que “todo el mundo habla de nada”.
      Se ha venido a la radio hecho un pincel, como siempre, y bien abrigado. Pantalón vaquero, camisa burdeos, abrochada hasta arriba, chaqueta de tweed, bufanda y chupa negra, que ahora cuelga sobre el respaldo de una silla. Antes de empezar la conversación ha hojeado un periódico que había sobre la mesa, ha escuchado atentamente a Jaime Azpilicueta, se ha puesto al lado un folio en blanco y (previa petición de permiso de Pepa, que él es muy mirado) se ha puesto a hacer dibujitos con el boli. Es un observador de pájaros y un observador de los observadores de pájaros; y de todos los demás observadores y observados, me parece a mí. Como Forges, con su manera de mirar nos enseña a mirar de otra manera. Y a vernos como somos.  “Seres en busca de un significado”. “Hijos del delirio, del sueño”. Somos algo más: lectores de Juanjo Millas y admiradores confesos de su relación con las palabras que contribuye “a dar sentido a nuestra vida”.



[Retrato en directo en No es un día cualquiera, RNE. 24.02.2018. Presenta su novela Que nadie duerma (Alfaguara, 2018). Podcast de entrevista y retrato: http://www.rtve.es/a/4491131/ ]

sábado, 24 de febrero de 2018

Forges, forgianos, sincebollistas y concebollados




¿Por qué es tan importante Forges? ¿Por qué millones de españoles lo estamos despidiendo como solo se despide a un familiar o un amigo? Porque somos forgianos. Porque forma parte de lo mejor de nuestras vidas desde hace cincuenta años. Porque es una pieza fundacional de nuestro actual sistema de convivencia (ese que unos no saben valorar y otros no saben defender), un faro moral, un elemento esencial de nuestra educación como personas, como ciudadanos. Porque hablamos como Forges, sentimos como Forges, vivimos como Forges cuenta que vivimos. Porque no solo ha inventado un lenguaje y no solo ha sido un analista puntual, lúcido y crítico de nuestra historia reciente: además ha sido uno de sus protagonistas más importantes.
Y es que la Historia no la hacen los reyes, los militares y los políticos, aunque solo los reyes, los militares y los políticos (no sé por qué) se lleven todo el espacio en los libros. La Historia la hacemos los ciudadanos de a pie y la hacen, desde luego, los artistas, los poetas, los músicos, los creadores; esos que van siempre por delante, mal que pese a los censores, enseñando a mirar, a entender o, como es el caso, a convivir.  En la Transición, los ultras a Forges le tenían gato. Una vez tuve que salir por piernas en la calle Goya porque me vieron con unos fascículos suyos bajo el brazo; hace unos meses los encuaderné y me los dedicó. Aquellos individuos aferrados al pasado se daban cuenta de que él era el futuro.
La semana en la que Forges nos ha dejado, la libertad de expresión ha recibido dos o tres palos muy serio, pero, para compensar, nos ha dejado dos debates forgianos: el del himno y el de la tortilla de patatas. Uno lo desató una cantante, a la que ya empezábamos a olvidar, con una versión propia del himno de España casi tan forgiana como la de Pemán o la que cantábamos en la escuela:
  Viva Franco
que tiene el culo blanco
porque su mujer
lo lava con Arieeeeel
El otro lo desató un cantante gallego, cuyo nombre no hemos aprendido todavía, con un versión propia de la tortilla de patatas... sin cebolla. Enseguida, concebollados de toda España se levantaron en armas virtuales, heridos en lo más hondo de su concebollismo por el sincebollismo del gallego, mientras aguerridas hordas de sincebollistas salían a defenderlo en tropel. Eso es también español, muy forgiano: discutir con pasión un matiz sin cuestionar lo esencial, el común amor por la tortilla. Tan español y tan forgiano como querer ser independiente y seguir jugando en la Liga y en la Copa del Rey, aunque solo sea para poder silbar en la final. 
Une mucho, pese a las discrepancias, el debate de concebollados y sincebollistas. Y es que en la diversidad se sustenta la unidad: nos gusta la tortilla de patatas. De poco vale discutir sobre un himno que a muchos no dice nada y a otros provoca sarpullidos, porque aun recuerdan cuando los obligaban a ellos o a sus padres a escucharlo brazo en alto. Mejor debatir sobre un plato cuya paternidad se atribuyen vascos y extremeños, de cuya excelencia presumen en Betanzos o en Madrid y al que Nestor Luján, catalán de Mataró, llamaba “el as de oros de nuestra gastronomía”. A diferencia del himno, la tortilla de patatas todos la sentimos como propia. Y a Forges, también. Proclamo.