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domingo, 20 de mayo de 2018

Manuel Vilas, el abismo de la verdad


“Sonrisa facil, pelo grisáceo corto, chupa de cuero, camisa negra, vaqueros, gafas colgadas del cuello de la camiseta”, me cuenta Juan Yeregui. “Tiene 55, pero no los aparenta”, me dice la boticaria Garcia y, sabiendo de mis pasiones somontanas, añade: “le gustan las cosas de su pueblo, empezando por el tomate rosa de Barbastro”.
Para su retrato son imprescindibles palabras que se han repetido en la conversación y se repiten en su libro. La palabra padre, que en libro aparece 682 veces;  madre, que aparece 415 veces; muerte y derivados, 311; vida y derivados, 561. He apuntado al vuelo otras como nostalgia, memoria, desamparo... Y misterio, porque “la vida está llena de misterios”. Pero el retrato seria incompleto sin una palabra que en Ordesa aparece 49 veces: verdad. Manuel Vilas se ha empeñado en buscar la verdad, en asomarse al abismo de la verdad y en compartirlo, con todas sus consecuencias. El resultado es un libro que no es exactamente una novela; tiene mucho de memoria personal, de crónica, de poesía y de filosofía, empezando por la filosofía de Freud. Es literatura, en fin, esa literatura  “que nos permite dignificar la memoria” como él dice y que, añado yo después de leer su libro, nos sirve de espejo para ver lo que somos.
¿Que es Manuel Vilas? Un escritor que cree en la familia como fundamento de nuestra existencia y aprendió a planchar con tutoriales de youtube; una buena persona a la que le gustaría irse de este mundo sin haberle hecho daño a nadie; un melómano, a quien la música pone en otra dimensión y se deja romper el corazón por un Stabat Mater. Y un hombre, en fin, que apostó por sus sueños y sabe que en la vida hay dolor, pero se aferra a esa vida y como Violeta Parra, le da las gracias, por haberle dado tanto...


[Retrato en directo en el programa No es un día cualquiera de RNE. Nos presenta el libro Ordesa, publicado por Alfaguara. 05.05.2018. Podcast de entrevista y retrato:  http://www.rtve.es/a/4607739/]

domingo, 1 de abril de 2018

Franco Fagioli, Cantar es volar


El retrato no lo he hecho solo. He preguntado a especialistas como Fernando Palacios y Antonio Moral, el director del CNDM, que lo han visto más de una vez en escena y me han dicho cosas como éstas:
Es muuuuuy bueno; su virtuosismo es extraordinario, su técnica vocal apabullante, excepcional, haciendo fácil lo que es ciertamente difícil; tiene una voz sedosa y extensa que abarca casi tres octavas y domina toda la coloratura, con unas agilidades muy limpias que abarcan la estratosfera, son pura pirotecnia; así como el paso al registro de pecho con unos graves sonoros y cavernosos, más propios de una voz de contralto que de un contra-tenor al uso Pero lo que mas impresiona de este singular cantante, precisa Moral, es “el uso de la mezza vocce, en arias que requieren de un gran lirismo y expresividad...”
Dicho eso, solo queda decir que es moreno, de ojos grandes y expresivos y tiene justo el pelo que necesita, por la parte de la barba. Viste camisa blanca, pantalón gris, chaqueta negra y zapatos también negros, de diseño moderno. Habla con dulzura pero acompaña las palabras con movimientos constantes no ya de las manos, que son manos de pianista, sino de todo el cuerpo, dando incluso un pequeño salto en el asiento cuando dice que “!Gracias a dios!” para tener una voz como la suya ya no hace falta castrar a nadie.
Se llama Franco Fagioli Cosío. El Fagioli le viene de Italia, de donde llego a los cerros tucumanos un padre con aficiones musicales; el Cosío le viene de Cantabria, de donde llegó también a La Argentina la afición materna por la canción lírica. Nació en San Miguel Tucumán, reside en Madrid y ha grabado el video promocional de su CD a la sombra de una encina milenaria y catalana. Piensa que “si hablar es caminar, cantar es volar”, afronta con naturalidad su oficio (“En la vida unos cantan, otros son periodistas”) y ¿como cuida la voz? “Como todo el mundo: si hace frío, te abrigas”.
Es uno de los artistas que han contribuido a que el barroco esté de moda, con gente de todas las edades llenando los auditorios cada vez que se anuncia un concierto o una opera de este género. Aunque, como nos ha dicho, “las maneras de cantar y de escuchar cambian con el tiempo”,  seguro que esta moda, que disfrutamos desde hace unos cuantos siglos, va a durar unos cuantos siglos mas. Gracias, por la parte que le toca.


[Retrato en directo, en el programa No es un día cualquiera de RNE. 31.03.2018. Audio de entrevista y retrato: http://www.rtve.es/a/4545740/ ]

viernes, 30 de marzo de 2018

Martín Garzo, Sin misterio no hay vida


Tercero de seis hermanos, en su casa había gente de todas las edades y practicaban a diario esas actividades intergeneracionales de las que hemos hablado en la hora anterior: los mayores le contaban historias a los pequeños, las madres leían cuentos a los hijos y la convivencia se basaba en la conversación. Eso se advierte en su literatura y en su concepcion del mundo. También se nota que nació en Castilla y que, como Salgari, descubrió enseguida que para contar el mundo no hacia falta ir muy lejos: la vida pasa por donde uno la vive.
Vida es una de las palabras que aparecen en los títulos de sus obra. Con esas palabras podríamos construir su retrato: Luz. Aire. Agua. Pozo. Mar. Marea. Valle. Bosque. Jardín. Cielo. Pan. Pájaros. Mujeres. Madres. Gigantas. Hadas. Caballeros. Historias. Amores. Mundo. Alma. Lenguaje. Libro... El retrato deambula, como ven, entre la naturaleza y la humanidad, entre “la realidad y la fantasía o “el ensueño” que, ya han oido, es donde él siempre ha vivido. En esos título hay nombres propios (Marta, Fernando, Eva, Dulcinea) y se repite un color, el azul, que es el color dominante en la ropa cómoda y abrigada que hoy lleva puesta. Escuchándolo he apuntado alguna palabra más: Música. Tiempo. Cine. Sueño. Monstruo. Locura. Hechizo...
Se llama Gustavo Martín Garzo, mientras habla sonríe y dibuja palabras en el aire, con los dos brazos. “Antes de ser escritor era lector” y “antes se ser lector era un niño que iba al cine”. Piensa que “vivimos en una mentira” y que “estamos más en lo que callamos que en lo que decimos”. Pero él, por si acaso, nos ha dicho muchas cosas. Como ésta: “Nuestro corazón está lleno de deseos incumplidos”. O ésta: “no puede haber amor sin ternura”.
O esta otra, que también vale por un retrato: “Si no hubiera lugares desconocidos, sería aburrida la vida. Sin misterio no hay amor, ni hay literatura, ni hay poesía... ni hay vida”.


[Retrato en directo, Casa de Beneficencia de Valladolid, en el programa No es un día cualquiera de RNE, donde nos presenta su libro “”. 24.03.2018. Audio de entrevista y retrato: https://t.co/uHbFhfuHuz ]




jueves, 29 de marzo de 2018

Jorge Volpi, mirando de frente



El retrato literario nos lo da hecho el jurado de su reciente Premio Alfaguara, que dice en el fallo:
        “Rompiendo todas las convenciones del género coloca al lector y a la realidad frente a frente, sin intermediarios”.
Ahí lo tienen. Un escritor que te hace mirar de frente a la realidad y se pasa la vida el mismo mirando esa realidad; aunque parezca paradoja, al mismo tiempo que busca la verdad y denuncia la posverdad práctica la ficción, que es algo completamente ajeno a la mentira. Lúcido y crítico, procura no perder nunca el sentido del humor, incluidos chistes de conejos y chistes de mexicanos; es muy preciso en las respuestas y al final de cada una pone un punto y aparte, para escuchar la siguiente pregunta. Cree que “una de las funciones de la literatura es incordiar, señalar lo que no funciona en la sociedad” y eso es lo que hace con esta historia convertida en novela donde, ya han oido, “la justicia se convierte en espectáculo” ¿Les suena?
En julio le caerán su primeros cincuenta, tiene la frente despejada, el pelo justo (una raspilla sobre el labio superior y otra en la barbilla, poco más), se cubre con tres capas (camisa, jersey de lana y chaquetón azul marino), los cristales de sus gafas son rectangulares y las patillas llevan un ribete de azul eléctrico; subrayo el dato porque en distintas fotos lo he visto con distintas gafas, no se si por coquetería o por... oftalmología.
No tiene miedo, ni a las reacciones adversas ni a la censura. Y no se pone fronteras. “Me gusta que mis obras no tengan limites tan precisos. Empecé mezclando poesía y prosa y ahora estoy con literatura y periodismo”, dice.
Tras escucharlo sospecho que Jorge Volpi constituye, por si mismo, un género difícil de clasificar.



[Retrato en directo, en el Centro Cultural Los Llanos, de Estella, en el programa No es un día cualquiera de RNE, donde nos presenta su libro “Una novela criminal” (Alfaguara) 17.03.2018. Audio de entrevista y retrato:http://www.rtve.es/a/4526014/ ]



sábado, 10 de marzo de 2018

Vargas Llosa, un intelectual que se moja


 ¿Cuándo entró en nuestras vidas? ¿Desde cuándo forma parte de nuestro paisaje intelectual? La fecha exacta no la sé. Pero sé que está ahí, como un faro, desde que España era en blanco y negro y en las librerías algunos libros había que pedirlos en voz baja. porque llevaban dentro unas dosis de libertad que todavía no había llegado a la calle ni mucho menos a las instituciones. Ahí estaba él ya, invitándonos a sentir, a pensar y a mirar con espíritu critico lo que nos rodeaba. Es lo que sigue haciendo, creo yo, con este nuevo libro, una autobiografía intelectual entreverada con una encendida defensa del liberalismo desde la convicción de que “la libertad es una sola y cada individuo debe tener el derecho de elegir su propio modo de vida”.
    La palabras libertad y democracia han aparecido varias veces en esta conversación, en la que también se han repetido otras, como tolerancia y realidad, a veces juntas. “Si hay algo esencial al liberalismo es la tolerancia. Uno no tiene respuestas para todo. Las ideas tienen que adaptarse a la realidad y no la realidad a las ideas”. 
     Como siempre que hay por medio política e ideología, podrás estar o no de acuerdo con él, pero nadie podrá negar lo principal: Vargas Llosa es un intelectual que se moja, que se implica, que nunca olvida su condición de ciudadano.
     Escuchándolo se confirma que ademas de ser un ingente escritor es un ingente periodista, siempre pendiente de la actualidad. Le viene de antiguo. Desde que en 1948 un golpe militar hizo despertar su “preocupación política”. La ultima vez que hablamos, hace cinco años; advertía que “los nacionalismos son una vuelta a la tribu”. Ahora que el tribalismo, no solo el nacionalista, forma parte del paisaje cotidiano, el peligro de volver a la tribu lo lleva al titular de su libro. Pero no es un libro pesimista y su autor, tampoco. Como buen ilustrado, es optimista. Tan optimista que piensa que “En España lo peor ha pasado ya”.



[Retrato en directo, en el programa No es un día cualquiera de RNE, donde nos presenta su libro “La llamada de la tribu”. 10.03.2018. Audio de entrevista y retrato:  http://www.rtve.es/a/4513933/ ]

sábado, 3 de marzo de 2018

Muñoz Molina: Alguien que camina



Es un placer leer los libros de Muñoz Molina, cada cual diferente al anterior, y éste muy diferente a todos los demás.
-¿Es una novela, una crónica, un apunte de memoria personal?
-Llámalo como quieras -responde-. Yo no tengo ninguna necesidad de darle un género, una clasificación; es una narración sobre la vida contemporánea.
Es un placer escuchar a Muñoz Molina “cuya voz revela más que la cara”, bien lo dice Elvira Lindo. Es una voz prudente, cautelosa, que no se permite a sí misma estridencias pero traslada las palabras con precisión, armonía y constancia, como una lluvia suave del sur (ese sur que lleva también en el acento), y se vuelve seductora para imitar el anuncio de Carrefour.
Escuchándolo, siempre aprendes algo. Sobre la sociedad en la que vivimos, donde “todo es instantáneo y todo desaparece de manera inmediata”. Sobre la publicidad, “que saquea el lenguaje de la poesía”. Sobre las pantallitas donde nos miramos todo el rato, aunque, “la cuestión es ver que parte de tu vida está encerrada en esa pantalla”.
De vez en cuanto me lo encuentro por la calle, en su andar solitario entre la gente, a veces a pie, a veces a lomos de una bicicleta, siempre con sus gafas de pasta, su jersey inevitable, sus alpargatas acostumbradas al asfalto y su mochila, a la que ha hecho dos referencias en esta conversación, donde lleva los cuadernos, el iPhone y el lápiz con el que escribe “porque es una cosa más física, tiene una sensación mucho mas táctil”. 
También lleva libros, claro, y no es que me lo imagine; es que lo veo salir de estupendas librerías de mi barrio, como Pasajes, y es que para escribir como él escribe hay que leer mucho. Además hay que mirar mucho, aunque en Nueva York te lo pongan difícil, hay que “prestar atención a lo inmediato” y, en fin, hay que ser como Antonio Muñoz Molina, que a su vez es como el personaje de su nuevo libro: “Alguien que camina por la ciudad que se fija en las cosas y que toma nota de todo lo que ve”.



[Retrato en directo, en el programa No es un día cualquiera de RNE, donde nos presenta su libro “Un andar solitario entre la gente”. 3.03.2018. Audio de entrevista y retrato:  http://www.rtve.es/a/4502063/]



miércoles, 28 de febrero de 2018

Juan José Millás: hechos de palabras



Tiene muchas cosas en común con Forges, con quien llegó a escribir un libro y a hacer una gira por España, pero sobre todo una, que Forges hizo notar en cierta ocasión: su constante, su apasionada relación con las palabras. Piensa que los seres humanos “estamos hechos, sobre todo, de palabras” y que en la vida cotidiana no hacemos la lengua, sino al revés, la lengua nos hace a nosotros. He apuntado a lo largo de esta conversación algunas de esas palabras que maneja. Voz. Tradición. Literatura. Significado. Cosa. Vida cotidiana. Fantasía. Sueño. Ficción. Taxista. Borde. Lengua.
      Las palabras, como las personas, ganan mucho cuando se juntan con otras. También he apuntado algunas frases. Cuando dice que en su oficio siempre andan “buscando una voz propia” ; cuando recuerda que “esto que llamamos realidad no solo está también compuesto de delirio sino que el delirio la conforma, la determina”; o cuando nos habla de la entrada de la ficción en nuestras vidas y empezamos a ser algo mas que simples cazadores de bisonte; o cuando nos hace notar que “todo el mundo habla de nada”.
      Se ha venido a la radio hecho un pincel, como siempre, y bien abrigado. Pantalón vaquero, camisa burdeos, abrochada hasta arriba, chaqueta de tweed, bufanda y chupa negra, que ahora cuelga sobre el respaldo de una silla. Antes de empezar la conversación ha hojeado un periódico que había sobre la mesa, ha escuchado atentamente a Jaime Azpilicueta, se ha puesto al lado un folio en blanco y (previa petición de permiso de Pepa, que él es muy mirado) se ha puesto a hacer dibujitos con el boli. Es un observador de pájaros y un observador de los observadores de pájaros; y de todos los demás observadores y observados, me parece a mí. Como Forges, con su manera de mirar nos enseña a mirar de otra manera. Y a vernos como somos.  “Seres en busca de un significado”. “Hijos del delirio, del sueño”. Somos algo más: lectores de Juanjo Millas y admiradores confesos de su relación con las palabras que contribuye “a dar sentido a nuestra vida”.



[Retrato en directo en No es un día cualquiera, RNE. 24.02.2018. Presenta su novela Que nadie duerma (Alfaguara, 2018). Podcast de entrevista y retrato: http://www.rtve.es/a/4491131/ ]

domingo, 18 de febrero de 2018

Juan Madrid: Enorme



Este retrato no lo he hecho solo. He preguntado primero en el grupo de guasaps y de cervezas que tengo con viejos compañeros de Cambio16, donde trabajamos juntos: ¿Qué cuento de Juan Madrid? Mariano Casado, Carchenilla, Olivares, Papitu, Luis Rubio, Montoya, Juan Lucio... todos dicen lo mismo: es una fuerza de la naturaleza, un tsunami, un tipo arrollador que nunca pasaba inadvertido cuando entraba en la redacción para “vomitar” -la palabra es suya- el siguiente reportaje. A Zubiaurre, que era un crío, le daba miedo. Los demás le hacían, le hacíamos, corro, como se lo hacían de niño en la plaza de Biedma, para que nos contara, cigarrillo en mano, lo que había descubierto en Puerto Hurraco o en Alcásser o en esos locales sórdidos de la plaza de los Mostenses que le gustaban tanto donde se juntaba con manguis y maderos, para que luego viniera Quijano, el de Administración, pegando gritos: 
-¡Te he dicho que pongas “gastos de representación” no vuelvas a poner “copas con policías”!
No solo era un reportero sin límites, era un escritor consciente y documentado, tan interesado por la Historia como por la vida y con un especial sismógrafo para detectar personajes imposibles, como El Timbas, el último tahúr profesional, que era de un pueblo de Murcia. Le gustaban las frases de película antigua (“¿Rumbea usted, señorita?”) y escribía como dios, claro. Ajustar un texto suyo, en la mesa de edición o en el taller, era un problema muy serio, porque quitarle una sola palabra daba pena.
A ninguno extraña que hoy sea maestro en la novela negra ni que se haya vuelto a poner de pie cada vez que la vida, la salud o el empeño en “hacer cuatro cosas a la vez” le daba  un  revolcón. Ni les extraña que hoy nos veamos en Málaga, la ciudad donde aprendió “a escupir por un costado de la boca”, aunque les parece raro que nos veamos a estas horas de la mañana. Les diré que ya no gasta bigote sino barba entrecana y gafas de concha de escritor con espolones, que ya no fuma y que ya irrumpe más suave, más despacito. Pero sigue siendo el de siempre, creedme. Juan Madrid, nuestro Juan Madrid, no cabe en un folio: es enorme.



[Retrato en directo en Museo Ruso de Málaga, No es un dia cualquiera, RNE. 17.02.2018. Podcast entrevista y retrato: http://www.rtve.es/a/4482498/]

viernes, 16 de febrero de 2018

Historia Ilustrada del Mundo de Anelio Rodríguez Concepción #libros

 
Se llama Anelio Rodríguez Concepción, es profesor de instituto, escritor de largo recorrido y palmero ejerciente en su concepción del mundo, su ritmo vital, su amor por la música y su manera de escribir, que en una cata a ciegas podría parecer latinoamericana. Yo no creo en el determinismo geográfico, pero nacer y vivir en la Isla de La Palma imprime carácter, créanme. Solo quien vive a medio camino (historico, físico y cultural) entre Africa, Europa y América puede escribir como escribe Anelio que, sin aparente esfuerzo, navega entre la gran literatura europea del XIX y el realismo mágico del XX. El Gremio de Libreros ha advertido enseguida la grandeza de su último libro, que ha nombrado “libro de la semana”. Se titula “Historia Ilustrada del Mundo” y es eso: una historia del mundo que Anelio ha escrito en 180 páginas, sin salir de su familia y sin salir de su isla. Igual que Lorca presumía -con razón- de contar el mundo desde su jardín, Rodríguez Concepción cuenta el mundo desde su casa que es una casa abierta de par en par a la razón, la sensibilidad, la memoria, la bondad, la alegría de vivir y las relaciones entre las personas. El relato consiste en veinte retratos, de otros tantos antepasados del autor y de personas relacionadas con su familia. La memoria de esas personas, convertidas en personajes, permite entrar a saco en las cosas importantes de la vida. Aunque no contiene ni un gramo de ficción, aquí lo local se hace universal. Aunque no esquiva la muerte (de hecho, todos los personajes están muertos) en la Historia Ilustrada del Mundo de Anelio Rodríguez Concepción hay mucha, muchísima, vida. Enhorabuena.

domingo, 4 de febrero de 2018

Joan Margarit, Asombroso Invierno


La última  vez que hablamos con él, hace tres años, dije que estaba a medio camino entre la edad del conocimiento y la edad de la sabiduría, cosa que él no acepta porque él no cree que por ser viejo se sea más sabio... “hay viejos inteligentes y viejos idiotas”, dice. Hoy, en vísperas de cumplir los 80, se ve a sí mismo en la edad de la libertad y las certezas. La primera certeza de este “asombroso invierno” que está viviendo es que la vida tiene dos estaciones, la infancia y la vejez, que son las más nítidas, las mas limpias; lo que hay en medio es un lío, “aunque cuando estás en el lío no lo sabes”. Ha llegado a la estación más libre y no volvería bajo ningún concepto a la anterior, pero no se olvida de  sus primeros maestros, como Neruda, de los que luego ha logrado zafarse. 
Tiene una voz preciosa, una envidiable musicalidad en la expresión, un gran sentido del humor y uno delicado manejo de la ironía (la socarronería, la retranca, la somarda y como se diga en catalán). Parece el último superviviente de una estirpe: los que siguen pensando que la cultura es un arma cargada de presente, los que aun creen que pueden protegerse a sí mismos y proteger a los demás con la fuerza total de las palabras. He apuntado algunas de las palabras que se han repetido en esta conversación. Inteligencia. Poema, Tiempo. Amor. Todavía. Olvido. Escuchándolo, confirmo la convicción de que en tiempos inciertos, como los actuales, hay que volver la mirada a los creadores, los artistas, los poetas, que siempre están ahí, alumbrando como faros. Él lo tiene claro: “Contra el miedo se lucha con la poesía, con la inteligencia, con el arte, que es allí donde no llega la razón”. La música también sirve para combatir el miedo, pero lo primero es reconocer que existe y decidir luchar. Sin esa decisión, no hay lucha que valga. Y eso sirve también para el amor que exige una gran cantidad de esfuerzos, pero merece la pena porque al final, ya han oido, “con el amor bastaba”. Y con la alegría, qué leche. Me quedo con su última propuesta: “Que no nos falte la alegría”.

[Joan Margarit, 1938, poeta. Retrato en directo en RNE, 04.02.2018. Audio entrevista y retrato: http://www.rtve.es/a/4459518/ ]

lunes, 29 de enero de 2018

Avión Club, mi crónica de los 80


Entre mis propósitos de año nuevo está re-activar este blog, al que os asomáis muchos amigos a pesar de que yo solo aparezco de tarde en tarde. Llevo un tiempo peleándome con las tecnologías para intentar escribir posts desde el móvil o el ipad (fotos y enlaces incluidos) con la misma facilidad con que lo hago en tuiter, pero no me está resultando fácil. Lo consiga o no, voy a darles una mínima periodicidad. Mientras tanto, os cuento en que ando. Sigo en Radio Nacional de España (los fines de semana, con Pepa Fernández) voy a algunas tertulias de la Sexta, escribo los lunes una columna en el 20 Minutos y acabo de publicar un libro. Se titula Avión Club,  lo ha editado La Esfera y  es una crónica bastante completita de los años 80, los primeros en los que los españoles disfrutaron a saco de la libertad. En cierto modo es una continuación de mi libro anterior, 333 Historias de la Transición, pero éste tiene formato de novela, porque... no es posible contar los años 80 sin humo, sudor, noche y música. De hecho, el relato está ambientado en un bar que existió realmente (El Avión, en la calle Hermosilla, 99, de Madrid, donde ahora hay una papelería) y tiene como protagonista al maestro César Martínez, un personaje real, extraordinario pianista, que se pasó la vida tocando en locales nocturnos, entre cajas de cerveza y mujeres que le hablaban de tú a los hombres, y por sí mismo era un personaje de novela. El libro podéis encontrarlo -o pedirlo- en cualquier librería.  Espero que os guste.   

lunes, 20 de mayo de 2013

Los Libros Imprescindibles para disfrutar la Música


En el programa donde trabajo, Los Clásicos de Radio Nacional, le pedimos el otro día a los oyentes que nos propusieran esos libros "imprescindibles" para sacarle más jugo a la música: para entenderla mejor, para disfrutarla más... Sobre la base de esas propuestas y con la ayuda de tres músicos que además son libreros, o al revés (los de la foto: César R.Altable, de El Argonauta; Lucía de Persia, de la Casa del Libro y Lola Barrodo, de Pasajes) elaboramos una propuesta con los "12 Imprescindibles", incluyendo, naturalmente, a los más votados por los oyentes. Una propuesta muy sugestiva para a todo aquel a quien le guste siquiera un poquito la buena música. En la seguridad de que te puede ser útil adjunto la lista con todas las propuestas, subrayando "Los 12 Imprescindibles":

http://www.rtve.es/radio/20130510/los-libros-imprescindibles-los-clasicos-radio-nacional/660781.shtml




miércoles, 28 de enero de 2009

Memoria Viva


¿Quieres saber por qué ha sido condenado a 80 años de prisión el octogenario militar guatemalteco Rios Montt? Te lo cuenta este libro, Guatemala el Silencio del Gallo, que publiqué con Ed. Debate en  2007. Lo puedes pedir en cualquier librería y tiene plena vigencia. Gracias, por cierto, a todos los colegas, oyentes de la radio y lectores que, con motivo de la sentencia de Rios Montt, han recordado las aportaciones de este libro, en el que reconstruye la historia del genocidio con el testimonio en vivo del misionero gallego Luis Gurriarán, mi tío.